sábado, 17 de mayo de 2014
domingo, 4 de mayo de 2014
Si no eres creíble, nadie confiará en ti
¿Se ha planteado alguna vez si los demás se fían de usted? Las personas
que trasmiten seguridad y confianza tienen más éxito personal y profesional
De: Patricia Ramírez, El País Semanal 4/V/14
En los tiempos que corren, ser creíble es un
tesoro. La pérdida de valores, la ambición negativa y el poder nos han llevado
a que perdamos la fe en algo tan importante como la confianza en las personas.
Y es que la credibilidad no se regala, se gana.
Las
personas creíbles consiguen conquistar el respeto de los demás. Significa que
la gente puede confiar en usted, y que lo que dice, es lo que usted es. Se
relaciona directamente con ideas tan importantes como la honestidad, la
prudencia, el compromiso y el conocimiento. ¿De qué personas suele desconfiar?
¿Quiénes son los que le generan rechazo cuando les escucha? Normalmente
aquellos que una vez le fallaron, los charlatanes, los que no respetan los
puntos de vista de los demás, quienes critican a los que no están presentes,
los que hablan sin saber y los que faltan a su palabra y a sus compromisos.
La credibilidad es como la virginidad. Una vez que
se pierde, ya no se recupera” (Mark Twain)
Encandilar a alguien con frases
bonitas es fácil. Hay personas muy educadas, corteses, que se expresan con
corrección, que se manejan en público como pez en el agua y que su carisma les
hace ser muy atractivas. Pero si se rasca un poco carecen de palabra. En el
momento en el que se sienta traicionado, le costará mucho volver a confiar en
esa persona. Y lo peor es que la experiencia puede llevarle a desconfiar de
quien no lo merece.
¿Alguna vez se ha planteado si
los demás confían en usted? Hay personas que transmiten seguridad y confianza.
Y estos valores se relacionan con el éxito personal y profesional. La
credibilidad se da en cualquier campo. Nos gustan los médicos que nos
transmiten que nos van a ayudar; los fontaneros que cuando ven la avería en
casa nos dicen que no nos preocupemos de nada y que lo van a arreglar, o el
amigo que te da un argumento distinto al tuyo y te convence y deja tranquilo.
Con ellos nos sentimos en buenas manos. Credibilidad, hablar en público,
habilidades sociales y carisma van de la mano. Y se pueden entrenar.
Para empezar a trabajar su
credibilidad, empiece por modificar sus valores. Si solo se dedica a
disfrazarse de carisma y buena comunicación y no contempla la honestidad, su
fachada no sostendrá la imagen de persona fidedigna eternamente. Necesita ser
puro por dentro para ser creíble por fuera.
Tenga palabra. Significa cumplir
con lo dicho. Es un privilegio contar con personas que respetan el compromiso
de lo que dicen.
Sea honesto. ¿Le han dado mal el cambio, le han
devuelto de más? Devuélvalo. ¿Se ha encontrado una cartera que no es suya?
Entréguela con todo lo que contenía dentro. Ser un listo ha terminado
convirtiéndose en un valor. Se trata de ganarle al otro a sabiendas que es
injusto.
Sea una persona de bien, con
buenas intenciones. Nadie se quiere relacionar con personas con dobleces.
Asuma sus errores. Las personas
de éxito se equivocan. Para ellos el error es una forma de aprendizaje, lo
reconocen, piden disculpas y reparan el daño. Y lo vuelven a intentar. No
existen las personas perfectas, por lo tanto, la perfección no es creíble.
Compórtese de forma justa. Reconozca el mérito y el
trabajo de cada uno, valore el esfuerzo por encima de los resultados.
Las emociones también juegan un
papel en la imagen que transmitimos a los demás respecto a la credibilidad. El
equilibrio emocional es fundamental. No nos da seguridad una persona que se
deja llevar por arranques de ira, que se muestra agresivo y que trata de tener
poder por la vía autoritaria. Las personas creíbles no necesitan tirar de
fuerza, volumen alto o expresiones amenazantes.
La capacidad para motivar y
generar emociones positivas es otro punto fuerte. Nos atraen más las personas
que buscan y aportan soluciones que las que se recrean en la pena, el
victimismo y en rumiar los problemas.
Las
personas que se muestran seguras, que conocen sus fortalezas y que las utilizan
para solventar soluciones, nos parecen fiables. Confianza y humildad es el
binomio perfecto.
Comuníquese de forma fácil y
correcta. Expresarse con un vocabulario amplio, sencillo y con frases
ordenadas, facilita el entendimiento. Y cuando el oyente se queda con la
sensación de haber comprendido el mensaje, le otorga credibilidad. Si utiliza
un vocabulario técnico y poco comprensible para el público que le escucha, la
gente desconectará y saldrá de la reunión sin haber entendido nada.
Ordene su mensaje. Los procesos
de recepción de la información, entendimiento y asimilación también dependen de
saber llevar un hilo conductor que esté organizado.
El conocimiento es clave.
Necesita saber de lo que habla, documentarse, tener argumentos, manejar los
tiempos, coger experiencia, tener cultura, incluso recitar. Sí, recitar. A las
personas con memoria, las que son capaces de hablar sin papeles delante, que
dan datos históricos y frases célebres, que citan a autores y hechos
relevantes, les damos confianza. Se asocia memoria con sabiduría, y nos fiamos
de las personas sabias.
Por el contrario, la charlatanería,
los cabezotas que se empecinan en una idea sin modo de argumentarla, nos
parecen personas sin recursos. Y qué decir del cotilleo y rumorología, hace que
perdamos la confianza en las personas que lo practican. Los chismosos son muy
poco atractivos e imprudentes. Con ellos solo se relacionan los que se
comportan de la misma manera, y aun así, ni entre ellos se consideran personas
de confianza.
El aspecto físico y la presencia.
Si está empezando a ejercer su profesión y no le ha dado tiempo a ganarse una
buena reputación, necesita adaptar su forma de vestir a las expectativas del
cliente. Nadie desea que le repare el coche un mecánico vestido con traje de
chaqueta y corbata.
Equivocadamente o no, las
personas tendemos a sacar conclusiones inmediatas basadas en lo que vemos
cuando conocemos a alguien. Su forma de moverse en público, dar la mano o su
imagen dan información. Por supuesto que es información viciada por prejuicios
y por la experiencia de cada uno. Pero es así. Cuando conoce a alguien por
primera vez, sacamos conclusiones sobre su inteligencia, estatus, nivel
socioeconómico, orientación sexual, estado civil, edad, ideas religiosas,
etcétera.
En una palabra:
para parecer un hombre
honrado, lo que
hace falta es serlo”
(Nicolas Boileau)
Cuide su imagen, su higiene, su
pelo, el aspecto de sus manos y la forma de vestir. La prudencia está en el
equilibrio. Todos los excesos, tanto en el aspecto femenino como en el
masculino, llevan a que su interlocutor centre más su atención en lo que ve que
en el mensaje que le transmite.
Cada uno en su vida privada debe
arreglarse como desee, pero si quiere tener credibilidad en su profesión,
modere su forma de presentarse y adáptela, en la medida que su escala de
valores y forma de ser se lo permitan, a las necesidades de su profesión. A
medida que adquiera experiencia en ella y su buen hacer le posicionen, podrá
relajarse con la apariencia.
El nivel
de reputación es inversamente proporcional a la importancia de su presencia
física. ¿Por qué? Porque cuanto mejor le hayan hablado de un profesional, menos
le importará la imagen que tenga. La credibilidad es tan frágil como la
confianza. Se tarda mucho tiempo en ganar, pero es muy fácil perderla. Ser
fiable no se basa solo en el carisma, sino en la coherencia con la que nos
comportamos.
martes, 29 de abril de 2014
lunes, 28 de abril de 2014
Charles de Gaulle: Marchemos con la mano en la mano
Discurso pronunciado
en español por el
Presidente francés,
desde el balcón del
Palacio nacional de
México, dirigido hacia la
Plaza de la
Constitución llena, el
16 de marzo de 1964.
Mexicanos:
Traigo a México el saludo de
Francia:
Francia saluda a México, con amistad. Mi país ardiente,
soberbio y libre se siente atraído por el vuestro, libre, soberbio y ardiente.
No existe ninguna doctrina, ningún pleito, ningún interés, que nos opongan. Al
contrario. Muchas razones nos convidan a acercarnos.
Francia saluda a México con respeto. Sabemos qué grandiosos
orígenes americanos son los de vuestra nación. Sabemos con qué valor habéis
conquistado y mantenido vuestra independencia. Sabemos qué inmenso esfuerzo de
liberación del hombre y de desarrollo moderno representa vuestra revolución. Y
vosotros, mexicanos, sabéis cuánto los franceses, durante su larga y dura vida
de pueblo, han luchado por la libertad y la dignidad de los hombres. Sabéis
cómo, ahora ellos trabajan con sus manos, con su pensamiento y con su corazón
para elevar su país y para poder ayudar a muchos otros.
Francia saluda a México con confianza. El mundo en que
vivimos está en completa transformación. Pero también está amenazado de sufrir
pruebas espantosas. Desde luego, los problemas que se plantean a todos los
Estados se llaman el progreso y la paz. Para resolverlos no hay nada mas
importante que la cooperación de dos países como los nuestros, que ayer
escucharon el mismo ideal, que hoy siguen el mismo camino y que, para mañana se
sienten llamados a un mismo porvenir.
He aquí, pues, lo que el pueblo francés propone al pueblo
mexicano: Marchemos con la mano en la mano y ¡Viva México!
domingo, 27 de abril de 2014
Herejías económicas y el fracaso de la economía mexicana
Por: Jesús Batta
El titulo está alarmante y fue
realizado con dolo y mala fe, pero solo busca que el lector vea algo de morbo y
se ponga a leer.
Después de la disculpa que
nadie pidió, trataré de identificar cuáles son los principales axiomas de la
economía a través del siglo pasado y cuales no funcionaron adecuadamente, con
la finalidad de no repetir los errores en las discusiones de las leyes
secundarias de las reformas.
·
La
industrialización a toda costa.
Cuando se inició la
edificación de la estructura económica allá por la época de Calles, se tenía
como fundamento que la economía mexicana generara progreso material y se
produjeran y distribuyeran los bienes y servicios para los mexicanos y si
sobraban para la exportación.
Como la palabra progreso era
utilizada mucho en la época porfirista, se buscó que fuera sustituida por
industrialización y en la época de Lázaro Cárdenas se agregó la palabra con
base social, casi el paraíso de los significados.
La forma de lograr la
industrialización era que al menos el 50% del PIB fuera generado por la
industria manufacturera, la minera, la petrolera, la construcción y otras
similares, cosa difícil porque en esa época el campo generaba más del 50%.
Pero para completar la
industrialización, se necesitaba una serie de actividades que activen las
variables pivotes del crecimiento, en este sentido se buscó el monopolio de la
emisión del dinero en un banco central (BANXICO), el financiamiento a la
industria naciente por la banca de desarrollo (NAFIN) y el fondeo de recursos a
los ejidatarios y campesinos a través de banca agrícola (Banrural, conste que
no Bandidal).
Por otra parte se inició una
competencia enorme de teorías, todas importadas de los lugares más remotos
sobre todo de Europa y de Estados Unidos y generada por economistas muertos a
excepción de John Maynard Keynes en aquel entonces.
El legendario Lord Keynes le
dio a la economía algo más que una teoría funeraria, le dio el argumento del
escándalo, porque su vida alegre fue observada atentamente por sus detractores,
lo cual le agradecemos los economistas posteriores para evitar la visión de la
economía como sinónimo de un muerto viviente.
Para argumentar el chisme, en
una ocasión lo encontraron en una fiesta de la monarquía holandesa en la alcoba
de una princesa con princesa incluida y tuvo que salir huyendo de Los Países
Bajos para no ser linchado.
Quitando comentarios propios
de sección de sociales o página roja, Lord Keynes propuso que la intervención
de Gobierno en la economía debía realizarse para lograr el crecimiento de la
economía.
También afirmó que a
diferencia de los liberales, no se debería esperar que el crecimiento económico
llegue con los mecanismos de mercado, que se podía lograr por el accionar de
los instrumentos de gobierno como era el gasto público, la emisión monetaria y
la constitución de empresas pivote.
En este sentido si existía una
depresión económica o recesión económica, el gobierno podía iniciar la
recuperación por medio de la emisión monetaria y el incremento del gasto
público.
De hecho la economía de
Estados Unidos, de Europa y de paso la del resto del mundo fue salvada de más
de 10 años de depresión por medio de medidas keynesianas:
Si el mercado está estancado,
si los ahorradores no ahorran por falta de dinero, si los consumidores no
consumen por falta de dinero y trabajo, si las empresas no venden sus productos
por falta de aceptación de sus productos y por falta de dinero.
Que el gobierno que es el
monopolista de la emisión del dinero, que cumpla su función y que emita dinero;
si no existen empresas pivote que arrastre la economía que constituya estas
empresa; si los ciudadanos no tienen trabajo que fomente fuentes iniciales de
empleo, después llega el mercado.
La solución no está en la mano
invisible de quien sabe quién (no creo que Dios porque se ocupa de cosas más
importantes que la economía), que impuso como dogma el buen clérigo escocés que
respondía al nombre de Adam Smith y que después le dieron el doctorado honoris
causa con el título de padre de la economía (aunque tenía otros 12 hijos en las
Islas Británicas).
La solución está en el
Gobierno, ese ser tan satanizado por los liberales y actualmente por los
neoliberales.
Ciertamente muchos
funcionarios del gobierno y políticos son corruptos, ineficiente, ineficaces,
flojos, payasos, pedantes, oportunistas, pero tienen como misión que la
estructura económica funcione en beneficio de la mayor parte de la población.
En este sentido lo único que
propuso Keynes era que los polakos se pusieran a trabajar en lo que eran
contratados, en lograr el bienestar de la gente por medio del funcionamiento de
la economía.
Desgraciadamente en México:
Echeverría y López Portillo abusaron de la teoría keynesiana por ignorantes,
por abusivos y por sangrones y de paso le pusieron en la torre a la estructura
económica, lo cual fue aprovechada por los mal llamados neoliberales que nos
tienen en las situación que actualmente padecemos.
¿Qué hicieron estos susodichos
ex presidentes?
Nada menos que malinterpretar
la teoría de Keynes y de paso imprimir billetes sin sustento, endeudar a México
hasta la demencia, devaluar el peso como deporte.
Decía López Portillo que
defendería al peso como un perro.
Créanme que fue la única
promesa que cumplió:
Tomen un peso y aviéntenselo a
un perro y no le hará caso, será indiferente.
Eso hizo el ex presidente y el
peso se pulverizó.
·
El control de la
inflación a toda costa.
Con los excesos y la mala
interpretación de los economistas y presidentes, los neoliberales llegaron al
poder y no se quieren ir.
Inventaron que el único fin de
la economía es el control de las variables monetarias.
No importa que la gente se
muera de hambre, no importa que no encuentre trabajo, no importa que no haya
escuelas, no importa que se destruya el planeta, ellos solo quieren controlar
la emisión de dinero.
Para lograr el objetivo han
utilizado las teorías de un fundamentalista de nombre Milton Friedman, santo
patrono del gremio de la economía monetarista.
Este santo barón de las causas
de los rico y adinerados, ha afirmado que la economía debe funcionar
exclusivamente por medio de los mecanismos de mercado.
Que el gobierno no debe de
intervenir en la economía, es más dice que el Estado casi debe desaparecer,
algo así como un anarquista capitalista.
Bueno este noble señor fue el
principal asesor económico de una decente dictadura comandada por el tal
Augusto Pinochet y ahora es el principal inspirador de la democracia mexicana
en materia de política económica.
Por culpa de este señor se
privatizó Teléfonos de México y dejó de ser un monopolio del gobierno para
pasar a ser un monopolio del sector privado y la misma suerte corrieron los
bancos, las minas, las siderúrgicas, las carreteras, las aerolíneas.
Cuando las empresas eran
ineficientes y quebraban el gobierno las financiaba con nuestros impuestos, en
lugar de dejarlas quebrar y que se rasquen con sus propias uñas.
Era necesario desaparecer más
de 1,500 empresas, pero desmantelar toda la estructura para beneficiar a 24
familias, es uno de los misterios menos comprendidos y más venerados por los
fundamentalistas del liberalismo del siglo XXI.
Para no aburrirlos ya dejo
este artículo y les recomiendo que no se escondan en teorías viejas, ni nuevas,
ni extranjeras, ni nacionales.
No nos merecemos que las
reformas y sus leyes secundarias sirvan para encadenar la economía mexicana y
en evitar que los beneficios se puedan distribuir en el mayor número de
compatriotas.
Seguiremos dando lata con
otros artículos y espero que les sirvan estas líneas que más que artículo es
una colección de disparates.
martes, 22 de abril de 2014
Botella al mar para el dios de las palabras
Gabriel García Márquez en el Congreso de la Lengua Española en Zacatecas, México 1997.
A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?» Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.
Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.
La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de 19 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga 54 significados, mientras en la República de Ecuador tienen 105 nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es «la color» de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?
Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo venturo como Pedro por su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devuélvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?
Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis 12 años.
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lunes, 21 de abril de 2014
El largo viaje de la Vida
Todo cambia y todo acaba, la existencia no consiste solo en resolver las
dificultades cotidianas. La clave es saber construir nuestro propio proceso
vital, ser los protagonistas del recorrido.
Por: Xavier Guix, El País Semanal. 20/IV/14
Sentado ante mí tengo a Ulises que me cuenta su
larga existencia, sus aprendizajes, aventuras, desvelos y orgullos. Ha sido un
hombre afortunado por los dioses, a pesar de lo difícil que se lo pusieron.
Llegar a ser un hombre sabio, un mito, ha conllevado una travesía rica y dura a
la vez. El regreso a casa llegó después de mil adversidades y algunos golpes de
fortuna. Al final, me dice Ulises, todo acaba siendo una confrontación con uno
mismo. Los hechos y acontecimientos que vivimos sirven de espejos de nuestra
interioridad. Lo que ocurre ahí fuera suele encajar poco con nuestras
expectativas e ilusiones. Solo una confianza ciega en la vida misma, sus
conocimientos y también sus misterios pueden amedrentar los fantasmas del
miedo, la desesperanza y el olvido.
Lo que la juventud tenía que
encontrar fuera, el hombre del atardecer tiene que encontrarlo dentro” Jung
Desposeído de patria y familia, Ulises cultivó el
coraje, la astucia, la amistad y el honor desoyendo los cantos de sirena que
pretendían minar un alma que bebió tragos amargos de nostalgia. A Ulises se le
humedecen los ojos al recordar tanta melancolía. El camino del desapego es el
más duro de todos. Ese es el gran viaje. Desabrazar los algodones del amor para
volver a él, transformado. Igual que uno va creciendo, este sentimiento también
lo hace para hacerse esencia. Del afecto blandengue al amor duro, el que no
teme, el que se da, el que se conmueve. Un apego que expresa lo que fuimos y lo
que ya somos. Cada elección que hacemos en la vida, apoya o niega este
penetrante hecho.
Ítaca, la tierra que vio partir a Ulises es el
símbolo del viaje de la vida (salida, lucha y retorno). Es un camino de
transformación, la conquista de uno mismo que no pasa solo por conocerse, sino
por desvelar su naturaleza más esencial, convertirse en un Seeker of true, un
buscador de la verdad. Aunque el viaje lo empezamos nada más nacer, suele ser a
mitad de nuestra madurez cuando tenemos una mayor conciencia de la vida como
proceso. Ya ha habido un antes y queda todo un después. Perdimos la inocencia
por el camino al descubrir que existe el abandono y que la abundancia un día se
acaba. Huérfanos, vagabundeamos intentado encontrar nuestro lugar en el mundo.
Luchamos contra las adversidades e intentamos encajar en los modelos sociales
imperantes.
Fue uno
de los poemas del escritor griego Constantino Cavafis, una de las figuras
literarias más importantes del siglo XX. En la década de 1960 se convirtió en
un icono de la cultura gay. El cantautor Lluís Llach adaptó el poema en 1975.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino; mejor será que dure muchos años, y que
llegues, ya viejo, a la pequeña isla
Cansados de guerrear llegamos a
la gran pregunta: ¿qué sentido tiene la existencia si sigue llena de horas de
vacío, de días de insatisfacción, decepciones y de cambios inesperados que
revientan de cuajo toda expectativa? ¿Qué sentido tiene si uno ya ha realizado
todos sus deseos? ¿Qué más hay que no sea una mera repetición? ¿Hay algo ahí
fuera que sea total e infinito? No cabe duda que esta vez intuimos que el
camino a recorrer va de puertas hacia dentro. Hay que desalojar, deconstruir el
personaje para adentrarse en las entrañas de una pregunta: ¿quién soy yo?
Para muchas personas el reto es
un camino de vida. Para otras un riesgo, un temor a descubrir aspectos
desconocidos que puedan ensombrecer su vida actual. La búsqueda de respuestas,
el anhelo de cambiar encuentra pronto su resistencia. ¿Cuánta verdad somos
capaces de soportar? ¿Y si uno se pierde por el camino? ¿Y si se trata de un
engañabobos? Aparece el conservador, el miedoso, el “quejica” y el perezoso. En
lugar de ir hacia el amor, se deambula por el miedo. De la intención se pasa a
la justificación. La fuerza, en lugar de estar en el acto, se esconde en la
mente.
La mente es experta en crear
ilusiones o autoengaños. Juega incesantemente a la dualidad, lo que mantiene en
vilo nuestras decisiones. Es como preguntarse: ¿qué prefieres, un anillo roto o
un anillo falso? Así son muchos de nuestros pensamientos: fragmentados o
ilusorios. Nada es completo, ni nada es auténtico en los juegos de la mente.
Sin embargo nos enredan, confunden, seducen. Pueden hacernos ver lo que no
existe, convertirnos en enfermos imaginarios, amedrentarnos o paralizarnos con
tal de resistirse a salir de nuestras zonas de comodidad.
Ante el reto de vivir, dice
Ulises, hay cinco cosas que no hay que empeñarse en variar:
1. Todo cambia y todo acaba.
2. Las cosas no siempre suceden como las habíamos
planeado.
3. La vida no siempre es justa.
4. El dolor forma parte de la vida.
5. La gente no es siempre amorosa y leal.
El camino de la aceptación, de
reconocer que lo que es, lo es, acaba siendo más beneficioso ante las falsas
ilusiones. Ulises fue astuto al jugar con el engaño, por eso ideó el caballo de
Troya. Les dio a sus oponentes la ilusión que necesitaban ver, sucumbiendo al
final por su propia ceguera. Una cosa es tener ilusión y la otra vivir de
ilusiones.
Aquello que llamamos realidad no
es más que la pantalla donde se refleja nuestra interioridad. Solo que a veces,
lo que vemos fuera lo negamos dentro de nosotros mismos. A eso se le llaman
nuestras sombras y proyecciones. Vemos en los demás lo reprimido en nosotros, o
ensalzamos ideales y virtudes de las que nos sentimos desposeídos, o nos
hacemos los serios para ocultar deseos indecorosos. Como diría Juan Ramón
Jiménez: “Yo no soy yo, soy este que va a mi lado sin yo verlo”.
La inteligencia suprema es no
tener ilusiones” Jiddu Krishnamurti
Ulises recuerda que ese viaje, el
interior, no puede hacerse con prisas. ¡Que seas viejo cuando alcances la isla!
La riqueza está en el camino y no en la llegada. En ese encuentro con nosotros
mismos, con nuestros tesoros y nuestros dragones se encuentra la llave de la
sabiduría. Adentrarse sin miedo en lo inconsciente. Arrojar luz en la
oscuridad. No temer a nuestras sombras. No engañarse con falsas ilusiones. Ese
es el viaje del héroe, el que avanza hacia sí mismo para transformarse.
Los alquimistas son el símbolo de
la unión de los elementos para lograr el material más puro y noble. En nuestra
vida psicológica se trata de la unión de los opuestos. Ulises ilustra con
algunos ejemplos:
- El vacío interior esconde tras de sí la misma
cantidad de plenitud.
- El proceso de integrar consiste en contener, no en eliminar. A veces somos muy duros con nosotros mismos al exigir la eliminación de todas nuestras deficiencias.
- La totalidad es lo completo, no lo perfecto (Jung).
- Lo que nos hirió, también nos concienció.
- El proceso de integrar consiste en contener, no en eliminar. A veces somos muy duros con nosotros mismos al exigir la eliminación de todas nuestras deficiencias.
- La totalidad es lo completo, no lo perfecto (Jung).
- Lo que nos hirió, también nos concienció.
El viejo Ulises se queda en
silencio. Cierra los ojos. Entra en conexión con el momento presente, el ahora
y el aquí en toda su rotundidad. Su semblante es sereno y a la vez emerge de su
presencia una enorme intensidad. Entonces comprendo que los discursos, los
pensamientos y las norias emocionales solo podrían enturbiar ese momento
sagrado. Teilhard de Chardin escribió: “Nos pasamos la vida esperando el gran
día, la gran batalla o la gran hazaña del poder. Pero tal consumación externa
no le es dada a muchos, ni es preciso que así sea. Con tal de que nuestro ser
se tense apasionadamente dentro del espíritu en cada cosa, ese espíritu
emergerá de nuestros esfuerzos escondidos y sin nombre”.
Héroe es todo
aquel que ha vivido a través
del dolor y ha
sido transformado por él”
David Richo
El viaje a Ítaca no tiene que
significar la misma epopeya de Ulises. La vida no es una gincana, ni un
circuito de aventuras aunque a veces lo parezca. Más bien consiste en agrandar
paso a paso la conciencia, abandonando las esclavitudes del ego y abrazando lo
que trae cada momento. Entender que todo lo que se desvanece y muere en
nosotros nos devuelve la realidad con mayor pureza. Por eso, tanto la figura
del alquimista como el mago se consideran arquetipos de transformación. Desvelan
la luz que se esconde tras las sombras, que tan a menudo nos cuesta alcanzar a
comprender. Es la experiencia que sirve para saber lo que significan las
Ítacas.
La inspiración de este artículo
se basa en la ‘Odisea’ de Homero, así como en dos obras de David Richo: ‘Como
llegar a ser adulto’ y ‘Las cinco cosas que no podemos cambiar’.
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