domingo, 4 de mayo de 2014

Si no eres creíble, nadie confiará en ti




¿Se ha planteado alguna vez si los demás se fían de usted? Las personas que trasmiten seguridad y confianza tienen más éxito personal y profesional
De: Patricia Ramírez, El País Semanal 4/V/14
En los tiempos que corren, ser creíble es un tesoro. La pérdida de valores, la ambición negativa y el poder nos han llevado a que perdamos la fe en algo tan importante como la confianza en las personas. Y es que la credibilidad no se regala, se gana.
         Las personas creíbles consiguen conquistar el respeto de los demás. Significa que la gente puede confiar en usted, y que lo que dice, es lo que usted es. Se relaciona directamente con ideas tan importantes como la honestidad, la prudencia, el compromiso y el conocimiento. ¿De qué personas suele desconfiar? ¿Quiénes son los que le generan rechazo cuando les escucha? Normalmente aquellos que una vez le fallaron, los charlatanes, los que no respetan los puntos de vista de los demás, quienes critican a los que no están presentes, los que hablan sin saber y los que faltan a su palabra y a sus compromisos.
La credibilidad es como la virginidad. Una vez que se pierde, ya no se recupera” (Mark Twain)
Encandilar a alguien con frases bonitas es fácil. Hay personas muy educadas, corteses, que se expresan con corrección, que se manejan en público como pez en el agua y que su carisma les hace ser muy atractivas. Pero si se rasca un poco carecen de palabra. En el momento en el que se sienta traicionado, le costará mucho volver a confiar en esa persona. Y lo peor es que la experiencia puede llevarle a desconfiar de quien no lo merece.
¿Alguna vez se ha planteado si los demás confían en usted? Hay personas que transmiten seguridad y confianza. Y estos valores se relacionan con el éxito personal y profesional. La credibilidad se da en cualquier campo. Nos gustan los médicos que nos transmiten que nos van a ayudar; los fontaneros que cuando ven la avería en casa nos dicen que no nos preo­cupemos de nada y que lo van a arreglar, o el amigo que te da un argumento distinto al tuyo y te convence y deja tranquilo. Con ellos nos sentimos en buenas manos. Credibilidad, hablar en público, habilidades sociales y carisma van de la mano. Y se pueden entrenar.
Para empezar a trabajar su credibilidad, empiece por modificar sus valores. Si solo se dedica a disfrazarse de carisma y buena comunicación y no contempla la honestidad, su fachada no sostendrá la imagen de persona fidedigna eternamente. Necesita ser puro por dentro para ser creíble por fuera.
Tenga palabra. Significa cumplir con lo dicho. Es un privilegio contar con personas que respetan el compromiso de lo que dicen.
Sea honesto. ¿Le han dado mal el cambio, le han devuelto de más? Devuélvalo. ¿Se ha encontrado una cartera que no es suya? Entréguela con todo lo que contenía dentro. Ser un listo ha terminado convirtiéndose en un valor. Se trata de ganarle al otro a sabiendas que es injusto.
Sea una persona de bien, con buenas intenciones. Nadie se quiere relacionar con personas con dobleces.
Asuma sus errores. Las personas de éxito se equivocan. Para ellos el error es una forma de aprendizaje, lo reconocen, piden disculpas y reparan el daño. Y lo vuelven a intentar. No existen las personas perfectas, por lo tanto, la perfección no es creíble.
Compórtese de forma justa. Reconozca el mérito y el trabajo de cada uno, valore el esfuerzo por encima de los resultados.
Las emociones también juegan un papel en la imagen que transmitimos a los demás respecto a la credibilidad. El equilibrio emocional es fundamental. No nos da seguridad una persona que se deja llevar por arranques de ira, que se muestra agresivo y que trata de tener poder por la vía autoritaria. Las personas creíbles no necesitan tirar de fuerza, volumen alto o expresiones amenazantes.
La capacidad para motivar y generar emociones positivas es otro punto fuerte. Nos atraen más las personas que buscan y aportan soluciones que las que se recrean en la pena, el victimismo y en rumiar los problemas.
Las personas que se muestran seguras, que conocen sus fortalezas y que las utilizan para solventar soluciones, nos parecen fiables. Confianza y humildad es el binomio perfecto.
Comuníquese de forma fácil y correcta. Expresarse con un vocabulario amplio, sencillo y con frases ordenadas, facilita el entendimiento. Y cuando el oyente se queda con la sensación de haber comprendido el mensaje, le otorga credibilidad. Si utiliza un vocabulario técnico y poco comprensible para el público que le escucha, la gente desconectará y saldrá de la reunión sin haber entendido nada.
Ordene su mensaje. Los procesos de recepción de la información, entendimiento y asimilación también dependen de saber llevar un hilo conductor que esté organizado.
El conocimiento es clave. Necesita saber de lo que habla, documentarse, tener argumentos, manejar los tiempos, coger experiencia, tener cultura, incluso recitar. Sí, recitar. A las personas con memoria, las que son capaces de hablar sin papeles delante, que dan datos históricos y frases célebres, que citan a autores y hechos relevantes, les damos confianza. Se asocia memoria con sabiduría, y nos fiamos de las personas sabias.
Por el contrario, la charlatanería, los cabezotas que se empecinan en una idea sin modo de argumentarla, nos parecen personas sin recursos. Y qué decir del cotilleo y rumorología, hace que perdamos la confianza en las personas que lo practican. Los chismosos son muy poco atractivos e imprudentes. Con ellos solo se relacionan los que se comportan de la misma manera, y aun así, ni entre ellos se consideran personas de confianza.
El aspecto físico y la presencia. Si está empezando a ejercer su profesión y no le ha dado tiempo a ganarse una buena reputación, necesita adaptar su forma de vestir a las expectativas del cliente. Nadie desea que le repare el coche un mecánico vestido con traje de chaqueta y corbata.
Equivocadamente o no, las personas tendemos a sacar conclusiones inmediatas basadas en lo que vemos cuando conocemos a alguien. Su forma de moverse en público, dar la mano o su imagen dan información. Por supuesto que es información viciada por prejuicios y por la experiencia de cada uno. Pero es así. Cuando conoce a alguien por primera vez, sacamos conclusiones sobre su inteligencia, estatus, nivel socioeconómico, orientación sexual, estado civil, edad, ideas religiosas, etcétera.
En una palabra: para parecer un hombre
honrado, lo que hace falta es serlo”
(Nicolas Boileau)
Cuide su imagen, su higiene, su pelo, el aspecto de sus manos y la forma de vestir. La prudencia está en el equilibrio. Todos los excesos, tanto en el aspecto femenino como en el masculino, llevan a que su interlocutor centre más su atención en lo que ve que en el mensaje que le transmite.
Cada uno en su vida privada debe arreglarse como desee, pero si quiere tener credibilidad en su profesión, modere su forma de presentarse y adáptela, en la medida que su escala de valores y forma de ser se lo permitan, a las necesidades de su profesión. A medida que adquiera experiencia en ella y su buen hacer le posicionen, podrá relajarse con la apariencia.
El nivel de reputación es inversamente proporcional a la importancia de su presencia física. ¿Por qué? Porque cuanto mejor le hayan hablado de un profesional, menos le importará la imagen que tenga. La credibilidad es tan frágil como la confianza. Se tarda mucho tiempo en ganar, pero es muy fácil perderla. Ser fiable no se basa solo en el carisma, sino en la coherencia con la que nos comportamos.

lunes, 28 de abril de 2014

Charles de Gaulle: Marchemos con la mano en la mano




Discurso pronunciado en español por el

Presidente francés, desde el balcón del

Palacio nacional de México, dirigido hacia la

Plaza de la Constitución llena, el

16 de marzo de 1964.

 

Mexicanos:

Traigo a México el saludo de Francia:

        Francia saluda a México, con amistad. Mi país ardiente, soberbio y libre se siente atraído por el vuestro, libre, soberbio y ardiente. No existe ninguna doctrina, ningún pleito, ningún interés, que nos opongan. Al contrario. Muchas razones nos convidan a acercarnos.

        Francia saluda a México con respeto. Sabemos qué grandiosos orígenes americanos son los de vuestra nación. Sabemos con qué valor habéis conquistado y mantenido vuestra independencia. Sabemos qué inmenso esfuerzo de liberación del hombre y de desarrollo moderno representa vuestra revolución. Y vosotros, mexicanos, sabéis cuánto los franceses, durante su larga y dura vida de pueblo, han luchado por la libertad y la dignidad de los hombres. Sabéis cómo, ahora ellos trabajan con sus manos, con su pensamiento y con su corazón para elevar su país y para poder ayudar a muchos otros.

        Francia saluda a México con confianza. El mundo en que vivimos está en completa transformación. Pero también está amenazado de sufrir pruebas espantosas. Desde luego, los problemas que se plantean a todos los Estados se llaman el progreso y la paz. Para resolverlos no hay nada mas importante que la cooperación de dos países como los nuestros, que ayer escucharon el mismo ideal, que hoy siguen el mismo camino y que, para mañana se sienten llamados a un mismo porvenir.

        He aquí, pues, lo que el pueblo francés propone al pueblo mexicano: Marchemos con la mano en la mano y ¡Viva México!

domingo, 27 de abril de 2014

Herejías económicas y el fracaso de la economía mexicana





El titulo está alarmante y fue realizado con dolo y mala fe, pero solo busca que el lector vea algo de morbo y se ponga a leer.

Después de la disculpa que nadie pidió, trataré de identificar cuáles son los principales axiomas de la economía a través del siglo pasado y cuales no funcionaron adecuadamente, con la finalidad de no repetir los errores en las discusiones de las leyes secundarias de las reformas.

·         La industrialización a toda costa.

Cuando se inició la edificación de la estructura económica allá por la época de Calles, se tenía como fundamento que la economía mexicana generara progreso material y se produjeran y distribuyeran los bienes y servicios para los mexicanos y si sobraban para la exportación.

Como la palabra progreso era utilizada mucho en la época porfirista, se buscó que fuera sustituida por industrialización y en la época de Lázaro Cárdenas se agregó la palabra con base social, casi el paraíso de los significados.

La forma de lograr la industrialización era que al menos el 50% del PIB fuera generado por la industria manufacturera, la minera, la petrolera, la construcción y otras similares, cosa difícil porque en esa época el campo generaba más del 50%.

Pero para completar la industrialización, se necesitaba una serie de actividades que activen las variables pivotes del crecimiento, en este sentido se buscó el monopolio de la emisión del dinero en un banco central (BANXICO), el financiamiento a la industria naciente por la banca de desarrollo (NAFIN) y el fondeo de recursos a los ejidatarios y campesinos a través de banca agrícola (Banrural, conste que no Bandidal).

Por otra parte se inició una competencia enorme de teorías, todas importadas de los lugares más remotos sobre todo de Europa y de Estados Unidos y generada por economistas muertos a excepción de John Maynard Keynes en aquel entonces.

El legendario Lord Keynes le dio a la economía algo más que una teoría funeraria, le dio el argumento del escándalo, porque su vida alegre fue observada atentamente por sus detractores, lo cual le agradecemos los economistas posteriores para evitar la visión de la economía como sinónimo de un muerto viviente.

Para argumentar el chisme, en una ocasión lo encontraron en una fiesta de la monarquía holandesa en la alcoba de una princesa con princesa incluida y tuvo que salir huyendo de Los Países Bajos para no ser linchado.

Quitando comentarios propios de sección de sociales o página roja, Lord Keynes propuso que la intervención de Gobierno en la economía debía realizarse para lograr el crecimiento de la economía.

También afirmó que a diferencia de los liberales, no se debería esperar que el crecimiento económico llegue con los mecanismos de mercado, que se podía lograr por el accionar de los instrumentos de gobierno como era el gasto público, la emisión monetaria y la constitución de empresas pivote.

En este sentido si existía una depresión económica o recesión económica, el gobierno podía iniciar la recuperación por medio de la emisión monetaria y el incremento del gasto público.

De hecho la economía de Estados Unidos, de Europa y de paso la del resto del mundo fue salvada de más de 10 años de depresión por medio de medidas keynesianas:

Si el mercado está estancado, si los ahorradores no ahorran por falta de dinero, si los consumidores no consumen por falta de dinero y trabajo, si las empresas no venden sus productos por falta de aceptación de sus productos y por falta de dinero.

Que el gobierno que es el monopolista de la emisión del dinero, que cumpla su función y que emita dinero; si no existen empresas pivote que arrastre la economía que constituya estas empresa; si los ciudadanos no tienen trabajo que fomente fuentes iniciales de empleo, después llega el mercado.

La solución no está en la mano invisible de quien sabe quién (no creo que Dios porque se ocupa de cosas más importantes que la economía), que impuso como dogma el buen clérigo escocés que respondía al nombre de Adam Smith y que después le dieron el doctorado honoris causa con el título de padre de la economía (aunque tenía otros 12 hijos en las Islas Británicas).

La solución está en el Gobierno, ese ser tan satanizado por los liberales y actualmente por los neoliberales.

Ciertamente muchos funcionarios del gobierno y políticos son corruptos, ineficiente, ineficaces, flojos, payasos, pedantes, oportunistas, pero tienen como misión que la estructura económica funcione en beneficio de la mayor parte de la población.

En este sentido lo único que propuso Keynes era que los polakos se pusieran a trabajar en lo que eran contratados, en lograr el bienestar de la gente por medio del funcionamiento de la economía.

Desgraciadamente en México: Echeverría y López Portillo abusaron de la teoría keynesiana por ignorantes, por abusivos y por sangrones y de paso le pusieron en la torre a la estructura económica, lo cual fue aprovechada por los mal llamados neoliberales que nos tienen en las situación que actualmente padecemos.

¿Qué hicieron estos susodichos ex presidentes?

Nada menos que malinterpretar la teoría de Keynes y de paso imprimir billetes sin sustento, endeudar a México hasta la demencia, devaluar el peso como deporte.

Decía López Portillo que defendería al peso como un perro.

Créanme que fue la única promesa que cumplió:

Tomen un peso y aviéntenselo a un perro y no le hará caso, será indiferente.

Eso hizo el ex presidente y el peso se pulverizó.

·         El control de la inflación a toda costa.

Con los excesos y la mala interpretación de los economistas y presidentes, los neoliberales llegaron al poder y no se quieren ir.

Inventaron que el único fin de la economía es el control de las variables monetarias.

No importa que la gente se muera de hambre, no importa que no encuentre trabajo, no importa que no haya escuelas, no importa que se destruya el planeta, ellos solo quieren controlar la emisión de dinero.

Para lograr el objetivo han utilizado las teorías de un fundamentalista de nombre Milton Friedman, santo patrono del gremio de la economía monetarista.

Este santo barón de las causas de los rico y adinerados, ha afirmado que la economía debe funcionar exclusivamente por medio de los mecanismos de mercado.

Que el gobierno no debe de intervenir en la economía, es más dice que el Estado casi debe desaparecer, algo así como un anarquista capitalista.

Bueno este noble señor fue el principal asesor económico de una decente dictadura comandada por el tal Augusto Pinochet y ahora es el principal inspirador de la democracia mexicana en materia de política económica.

Por culpa de este señor se privatizó Teléfonos de México y dejó de ser un monopolio del gobierno para pasar a ser un monopolio del sector privado y la misma suerte corrieron los bancos, las minas, las siderúrgicas, las carreteras, las aerolíneas.

Cuando las empresas eran ineficientes y quebraban el gobierno las financiaba con nuestros impuestos, en lugar de dejarlas quebrar y que se rasquen con sus propias uñas.

Era necesario desaparecer más de 1,500 empresas, pero desmantelar toda la estructura para beneficiar a 24 familias, es uno de los misterios menos comprendidos y más venerados por los fundamentalistas del liberalismo del siglo XXI.

Para no aburrirlos ya dejo este artículo y les recomiendo que no se escondan en teorías viejas, ni nuevas, ni extranjeras, ni nacionales.

No nos merecemos que las reformas y sus leyes secundarias sirvan para encadenar la economía mexicana y en evitar que los beneficios se puedan distribuir en el mayor número de compatriotas.

Seguiremos dando lata con otros artículos y espero que les sirvan estas líneas que más que artículo es una colección de disparates.

martes, 22 de abril de 2014

Botella al mar para el dios de las palabras


Gabriel García Márquez en el Congreso de la Lengua Española en Zacatecas, México 1997.


A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?» Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.
Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.
La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de 19 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga 54 significados, mientras en la República de Ecuador tienen 105 nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es «la color» de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?
Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo venturo como Pedro por su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devuélvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis 12 años. 






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lunes, 21 de abril de 2014

El largo viaje de la Vida




Todo cambia y todo acaba, la existencia no consiste solo en resolver las dificultades cotidianas. La clave es saber construir nuestro propio  proceso vital, ser los protagonistas del recorrido.

 

Por: Xavier Guix, El País Semanal. 20/IV/14


Sentado ante mí tengo a Ulises que me cuenta su larga existencia, sus aprendizajes, aventuras, desvelos y orgullos. Ha sido un hombre afortunado por los dioses, a pesar de lo difícil que se lo pusieron. Llegar a ser un hombre sabio, un mito, ha conllevado una travesía rica y dura a la vez. El regreso a casa llegó después de mil adversidades y algunos golpes de fortuna. Al final, me dice Ulises, todo acaba siendo una confrontación con uno mismo. Los hechos y acontecimientos que vivimos sirven de espejos de nuestra interioridad. Lo que ocurre ahí fuera suele encajar poco con nuestras expectativas e ilusiones. Solo una confianza ciega en la vida misma, sus conocimientos y también sus misterios pueden amedrentar los fantasmas del miedo, la desesperanza y el olvido.

 

Lo que la juventud tenía que encontrar fuera, el hombre del atardecer tiene que encontrarlo dentro” Jung

Desposeído de patria y familia, Ulises cultivó el coraje, la astucia, la amistad y el honor desoyendo los cantos de sirena que pretendían minar un alma que bebió tragos amargos de nostalgia. A Ulises se le humedecen los ojos al recordar tanta melancolía. El camino del desa­pego es el más duro de todos. Ese es el gran viaje. Desabrazar los algodones del amor para volver a él, transformado. Igual que uno va creciendo, este sentimiento también lo hace para hacerse esencia. Del afecto blandengue al amor duro, el que no teme, el que se da, el que se conmueve. Un apego que expresa lo que fuimos y lo que ya somos. Cada elección que hacemos en la vida, apoya o niega este penetrante hecho.

Ítaca, la tierra que vio partir a Ulises es el símbolo del viaje de la vida (salida, lucha y retorno). Es un camino de transformación, la conquista de uno mismo que no pasa solo por conocerse, sino por desvelar su naturaleza más esencial, convertirse en un Seeker of true, un buscador de la verdad. Aunque el viaje lo empezamos nada más nacer, suele ser a mitad de nuestra madurez cuando tenemos una mayor conciencia de la vida como proceso. Ya ha habido un antes y queda todo un después. Perdimos la inocencia por el camino al descubrir que existe el abandono y que la abundancia un día se acaba. Huérfanos, vagabundeamos intentado encontrar nuestro lugar en el mundo. Luchamos contra las adversidades e intentamos encajar en los modelos sociales imperantes.

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Fue uno de los poemas del escritor griego Constantino Cavafis, una de las figuras literarias más importantes del siglo XX. En la década de 1960 se convirtió en un icono de la cultura gay. El cantautor Lluís Llach adaptó el poema en 1975. Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: llegar allí, he aquí tu destino. Mas no hagas con prisas tu camino; mejor será que dure muchos años, y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla

Cansados de guerrear llegamos a la gran pregunta: ¿qué sentido tiene la existencia si sigue llena de horas de vacío, de días de insatisfacción, decepciones y de cambios inesperados que revientan de cuajo toda expectativa? ¿Qué sentido tiene si uno ya ha realizado todos sus deseos? ¿Qué más hay que no sea una mera repetición? ¿Hay algo ahí fuera que sea total e infinito? No cabe duda que esta vez intuimos que el camino a recorrer va de puertas hacia dentro. Hay que desalojar, deconstruir el personaje para adentrarse en las entrañas de una pregunta: ¿quién soy yo?

Para muchas personas el reto es un camino de vida. Para otras un riesgo, un temor a descubrir aspectos desconocidos que puedan ensombrecer su vida actual. La búsqueda de respuestas, el anhelo de cambiar encuentra pronto su resistencia. ¿Cuánta verdad somos capaces de soportar? ¿Y si uno se pierde por el camino? ¿Y si se trata de un engañabobos? Aparece el conservador, el miedoso, el “quejica” y el perezoso. En lugar de ir hacia el amor, se deambula por el miedo. De la intención se pasa a la justificación. La fuerza, en lugar de estar en el acto, se esconde en la mente.

La mente es experta en crear ilusiones o autoengaños. Juega incesantemente a la dualidad, lo que mantiene en vilo nuestras decisiones. Es como preguntarse: ¿qué prefieres, un anillo roto o un anillo falso? Así son muchos de nuestros pensamientos: fragmentados o ilusorios. Nada es completo, ni nada es auténtico en los juegos de la mente. Sin embargo nos enredan, confunden, seducen. Pueden hacernos ver lo que no existe, convertirnos en enfermos imaginarios, amedrentarnos o paralizarnos con tal de resistirse a salir de nuestras zonas de comodidad.

Ante el reto de vivir, dice Ulises, hay cinco cosas que no hay que empeñarse en variar:

1. Todo cambia y todo acaba.

2. Las cosas no siempre suceden como las habíamos planeado.

3. La vida no siempre es justa.

4. El dolor forma parte de la vida.

5. La gente no es siempre amorosa y leal.

El camino de la aceptación, de reconocer que lo que es, lo es, acaba siendo más beneficioso ante las falsas ilusiones. Ulises fue astuto al jugar con el engaño, por eso ideó el caballo de Troya. Les dio a sus oponentes la ilusión que necesitaban ver, sucumbiendo al final por su propia ceguera. Una cosa es tener ilusión y la otra vivir de ilusiones.

Aquello que llamamos realidad no es más que la pantalla donde se refleja nuestra interioridad. Solo que a veces, lo que vemos fuera lo negamos dentro de nosotros mismos. A eso se le llaman nuestras sombras y proyecciones. Vemos en los demás lo reprimido en nosotros, o ensalzamos ideales y virtudes de las que nos sentimos desposeídos, o nos hacemos los serios para ocultar deseos indecorosos. Como diría Juan Ramón Jiménez: “Yo no soy yo, soy este que va a mi lado sin yo verlo”.

 

La inteligencia suprema es no tener ilusiones” Jiddu Krishnamurti

Ulises recuerda que ese viaje, el interior, no puede hacerse con prisas. ¡Que seas viejo cuando alcances la isla! La riqueza está en el camino y no en la llegada. En ese encuentro con nosotros mismos, con nuestros tesoros y nuestros dragones se encuentra la llave de la sabiduría. Adentrarse sin miedo en lo inconsciente. Arrojar luz en la oscuridad. No temer a nuestras sombras. No engañarse con falsas ilusiones. Ese es el viaje del héroe, el que avanza hacia sí mismo para transformarse.

Los alquimistas son el símbolo de la unión de los elementos para lograr el material más puro y noble. En nuestra vida psicológica se trata de la unión de los opuestos. Ulises ilustra con algunos ejemplos:

- El vacío interior esconde tras de sí la misma cantidad de plenitud.
- El proceso de integrar consiste en contener, no en eliminar. A veces somos muy duros con nosotros mismos al exigir la eliminación de todas nuestras deficiencias.
- La totalidad es lo completo, no lo perfecto (Jung).
- Lo que nos hirió, también nos concienció.

El viejo Ulises se queda en silencio. Cierra los ojos. Entra en conexión con el momento presente, el ahora y el aquí en toda su rotundidad. Su semblante es sereno y a la vez emerge de su presencia una enorme intensidad. Entonces comprendo que los discursos, los pensamientos y las norias emocionales solo podrían enturbiar ese momento sagrado. Teilhard de Chardin escribió: “Nos pasamos la vida esperando el gran día, la gran batalla o la gran hazaña del poder. Pero tal consumación externa no le es dada a muchos, ni es preciso que así sea. Con tal de que nuestro ser se tense apasionadamente dentro del espíritu en cada cosa, ese espíritu emergerá de nuestros esfuerzos escondidos y sin nombre”.

 

Héroe es todo aquel que ha vivido a través

del dolor y ha sido transformado por él”

David Richo

El viaje a Ítaca no tiene que significar la misma epopeya de Ulises. La vida no es una gincana, ni un circuito de aventuras aunque a veces lo parezca. Más bien consiste en agrandar paso a paso la conciencia, abandonando las esclavitudes del ego y abrazando lo que trae cada momento. Entender que todo lo que se desvanece y muere en nosotros nos devuelve la realidad con mayor pureza. Por eso, tanto la figura del alquimista como el mago se consideran arquetipos de transformación. Desvelan la luz que se esconde tras las sombras, que tan a menudo nos cuesta alcanzar a comprender. Es la experiencia que sirve para saber lo que significan las Ítacas.

 

La inspiración de este artículo se basa en la ‘Odisea’ de Homero, así como en dos obras de David Richo: ‘Como llegar a ser adulto’ y ‘Las cinco cosas que no podemos cambiar’.